Hoy recordando, me vino la imagen de una tarde, la típica en la que solo estas tú, dando un paseo, que hace que todo venga a ti y como si fuera más fácil pensar en aquello que te lleva atormentando durante meses, y de repente te aparece la respuesta y el nudo desaparece tan rápido como había venido, supongo que al decir esto cada uno se imagina un momento, un paisaje y un lugar diferente yo os voy a contar la mía:
Me imagino una tarde de otoño, el cielo claro, justo después de irse una tormenta y huelo a tierra mojada mientras un tenue sol me baña, el aire es frío pero me despejada como si fuera capaz de entrar en tu cerebro y borrar las dudas, las incomodidades y los obstáculos; como si te enseñara un camino... el que tanto llevas buscando. Al lado de mi casa hay un parquecito y me imagino por allí andando viendo los colores de las hojas andando por la dura acera, llego al la tierna arena, que amortigua mis pasos y me deja disfrutar de mi alrededor sin ser interrumpida por unos pasos molestos y ruidosos, sigo viendo la acera, pero yo ya estoy en otro sitio... comienza a haber árboles, más bien arbustos que nadie se ha preocupado en cuidar (mejor), sigo el camino de arena veo a las hormigas en hileras e intento no entorpecerlas dando saltitos infantiles, se huele la hierva, mientras te adentras más y más, llego al lago desgraciadamente artificial, por aquí corre más el viento, lego a la orilla verde por el musgo, huele a hojas, hundo la mano el lago, mas frío, mejor; sigo río arriba parece imperturbable, me gusta la escena (para que se viera más bonito habían puesto unas barreras para estancar un poco el agua pero las ha roto el agua, ya no son más que un puñado de piedras, aunque sea un gesto muy simple) me hace sonreír, no somos los amos del mundo, aunque no me detengo, esta es la parte que mas me gusta del parque porque aquí los árboles son más coloristas, cruzo el puente de madera y me voy a la otra orilla del río una vez allí saludo a mi sauce, me apoyo contra su áspera y rugosa corteza mientras voy bajando poco a poco hasta tocar la hierva y allí me quedo, escucho el agua, reconozco los olores y el sol me da tenuemente en la cara, que más puedo pedir, a si animales, antes había los humanos los hemos espantado pero bueno me vale.
Este es mi rinconcito en el mundo lo único que tengo de naturaleza, un parquecito olvidado por el ayuntamiento sin retoques, ni jardineros, perfecto y salvaje, donde van niños a jugar al lago con sus abuelos y personas ha hacer deporte, mi santuario, espero que no lo cambien. Bueno prometo hacer algunas fotos y así os hacéis una idea mejor.
No se si me pongo a pensar en estas cosas por el clima, el día o porque me he levantado de una manera diferente, puede que sea una mezcla de los dos, el caso es que no se que haría yo sin estas tardes de otoño.



