lunes, 20 de mayo de 2013

Para ti J


Escuchaba, lo único que podía hacer, lo que el miedo y el terror la permitían. Agazapaba esperaba que la tormenta pasase y que volviese a ser la misma. Una parte la decía que solo era una tontería, pero... era tan pequeña, se veía silenciada por el frenesí de su cabeza; los impulsos la controlaban dejando la razón olvidada. Sólo podía sentir el dolor del pecho, el aliento de sus fantasmas en su espalda, el calor de sus mejillas... algo comenzó a brillar en el fondo de su mente, dejó de tiritar y sintiéndose valiente abrió los ojos. No estaba aquello de lo que huía. Un miedo diferente la recorrió el cuerpo, propio de un sudor frío que agudizó sus sentidos y la puso alerta. Lívida como estaba dejó de llorar y compadecerse, era capaz de pensar, sus sentimientos eran ahora un tapiz de fondo. Rápidamente organizó sus ideas y miró al cielo buscando las estrellas, guías de otras tantas noches; pero no se acordó de que llovía ni del vendaval que azotaba los rosales contra sus piernas, la dura realidad la golpeó, estaba sola, sola.